En Calmit las clases habían comenzado hacia ya dos meses y medio atrás, todo en ese lugar circulaba normal, como cada año. Las rutinas eran monótonas y usualmente nada cambiaba en lo más mínimo, lentamente el acoso diario de rendir con notas suficientes las materias predeterminadas comenzaba a atosigar a los alumnos, como un vago fantasma en vela. Entre la tranquilidad de aquel otoño –el cual parecía un intenso invierno- y su insaciable monotonía, lentamente y sin que nadie lo note comenzó todo a cambiar, y no fue por algo extraordinario sino que por la simple presencia de un nuevo individuo en el país, en la zona.
Todo comenzó en los silenciosos pasillos del Instituto Zenzen. El andar sigiloso de aquel “máster”, que poco a poco comenzaba a acomodar su tablero, se podía escuchar resonar entre la inmensidad de la soledad del lugar.
En el aula de 3°D se podía apreciar el alboroto de los alumnos por la nueva noticia dada. Muchos conmocionados por el hecho de que un nuevo estudiante ingresase a tales alturas del año, más sabiendo que es un becado, ya que el Instituto por regla y mandatario no aceptaba y no podía –después de la fecha de inscripción- aceptar a ningún nuevo alumno y/o profesor. Nadie comprendía nada, nadie encontraba una respuesta y hasta habían sacado más de mil conclusiones distintas –totalmente exageradas o extrañas-. Entre tanto alboroto no notaron cuando una presencia femenina entre con total silencio al aula, quien los observaba como quien observa un espécimen en extinción. Ella no denotaba ninguna emoción en su rostro, parecía totalmente desinteresada a todo, como si el mundo le aborreciese. El tutor parecía ser el único presente allí que noto su presencia, aunque al decir aquello mentiríamos, la delegada del curso siempre estaba atenta a todo, no solo noto su presencia sino que estaba completamente atenta a las alucinaciones y delirios de sus compañeros. Tras unas cuantas llamadas de atención del mayor y ser olímpicamente ignorado, comenzaba a desesperarse y listo para tomar cualquier medida necesaria para conseguir lo deseado, dígase la atención y calma de los alumnos, tomo el borrados dispuesto a golpearlo contra la pizarra –ya que los sonidos fuertes siempre llaman la atención de los animales- pero obtuvo una interrupción por susodicha nombrada. Ella se levanto de su banco dando un fuerte golpe con sus manos al apoyarlas contra la madera haciendo así –al fin- que todos se callasen y clavasen su mirada en ella, como quien mira a un loco. Ella sonriente agrego un simple:
-Esa no es forma de darle la bienvenida a nuestra nueva compañera- y disimuladamente señalo a la muchacha que miraba el techo entretenida. Todos pegaron su vista en ella curiosamente, el silencio se instalo en el aula rápidamente, esperando que el mayor de su presentación o les dijese algo. El tutor suspiro y le agradeció con un simple movimiento con la cabeza a la chica por su acto, ella tomo asiento luego de ello dispuesta a escuchar lo que él diría.
-Jóvenes os presentaré a su nueva compañera- Se dirigió junto a la castaña, tomándola por los hombros y ejerciendo una leve presión en ellos. Por parte de la chica le regalo una mirada digamos que algo mala, si las miradas matasen, pobre hombre. Por inercia la soltó y continúo con su presentación. –La señorita junto a mi es Caroline Almit, será vuestra compañera desde hoy. Espero que os llevéis bien. –agrego sonriente, cuando giro su vista a ella la muchacha ya se había ido a sentar a la lejanía junto a las ventanas, suspiro nuevamente y termino con lo que debía de decir así la clase podría comenzar normalmente. –Por taos bien y no peleaos. Oh, por cierto, no la atosiguéis con preguntas, dudo que quiera contestárselas- Tras eso se retiro dejando entrar al profesor de ese día. La delegada que frente a ella se sentaba se giro para dar su presentación, era simplemente por conveniencia aquello y para dar buena imagen.
-Bienvenida al instituto, soy Inuzuki Mai, cualquier cosa que necesites dime.- Tras presentarse esperaba que ella comentase algo más solo recibió una afirmación por su parte. Tras eso todo comenzó como cualquier día normal, todo tan tranquilo como si ella jamás hubiese llegado, era otra clase aburrida con el Profesor Ineveov quien dictaba Matemáticas.
Ni bien el timbre sonó, anunciando el cambio de clase, todos desaparecieron del aula como si su vida dependiese de ellos, dejando todo vacío en menos de un minuto. Los pasillos rápidamente se inundaron de personas, era un mar continuo de cabezas y no solo eran los alumnos sino que también los profesores. Entre aquellas aguas se podía apreciar alguien que no seguía constantemente como los otros sino que al contrario él era quien detenía a lo demás –de un modo aleatorio- para indagar algo, su porte parecía desesperado y preocupado –algo extraño de ver en tal individuo específicamente-. Entre tantos afortunados –o desafortunados- Mai fue detenida por él, aquella morena de ojos violetas bien llamativos lo observo desconcertada al ser tomada delicadamente por uno de sus hombros para detener su paso.
-Disculpa ¿A qué año perteneces?- Ella aun sin comprender y analizando lo dicho al fin identifico al hombre, era Frederico, el profesor de Literatura. Rápidamente noto que estaba desorientado y exaltado, eso le preocupo puesto que él siempre tenía un porte serio y calmo.
-Profesor Almit, soy de 3°D ¿sucede algo?- indago ella con una dulce sonrisa, la cortesía siempre le había caracterizado y la curiosidad también, claro, en esos momentos ambas no dudarían en dar su presencia. Pudo observar como una sonrisa se dibujaba lentamente en el rostro del mayor, como si hubiese dicho las palabras claves.
-Perfecto- murmuro para sí más ella llego a oírlo y temió lo peor, desconcertada espero a que él terminase con lo comenzado y así lo hizo segundos después. –Caroline Almit, es tu compañera, ¿correcto?- recibió un asentimiento con su rostro de parte de ella confirmándole así lo que ya suponía. -¿Sabe dónde podría encontrarla?- se voz sonó preocupada a pesar de que su rostro recobro su seriedad.
-Le diría que sé donde se encuentra más le mentiría, ha sido uno de los primeros en retirarse del aula. No he podido ver dónde ha ido, lo siento.- En menos de un minuto el rostro del profesor cambio de serio a triste, de triste a confuso, luego a desorientado para volver al habitual.- ¿La buscaba por algo en particular? Yo debo de hablar con ella también, así que no me molestaría buscarla y darle su mensaje.-la propuesta de la niña pronto taladro los oídos de él quien se quedo pensativo, como en silencio se quedo ella también termino pensativa, analizando los hechos.
Se pregunto por qué tanta insistencia en encontrarla, puesto que él no solía mostrarse interesado en nada que no perteneciese a su clase o materia predeterminada. Aunque pensándolo bien, él, el director y ella poseían el mismo apellido y quizás aquella era la razón de su interés, bien sabido estaba que el director y Frederico eran hermanos más su padre le dijo que no tenia mas hermanos, eran los únicos herederos de la fortuna Almit. Entonces he aquí la duda ¿ella sería su hija?, no, o podía ser por el simple hecho de que debía de haberla tenido a los ¿¡8 años!? No, las cuentas no daban y el director quedaba automáticamente descartado, dudaba que pudiese si quiera tener una relación con alguien, era un niño en el cuerpo de un adulto.
-Solo deseaba encontrarla, ella no es buena hablando y no quería dejarla sola- Simplifico la respuesta, le sonrió un poco y con aquello simple ella comprendió.
-No se preocupe por ello, como le he indicado yo también la buscaba- Aquella sonrisa de niña servicial se palmo en su rostro, él con un agradecimiento mudo se marcho. No pasaron dos segundos desde que el profesor se retiro que ella fue rodeada por el Club de Fans de él. La llenaron de preguntas, de gritos insoportables y fastidiosos agarres por los celos que tenían.
Cuando al fin pudo librarse de las abejas asesinas se fue a buscar a la castaña. Recorrió por los pasillos preguntando por ella más no recibió respuesta respuestas favorables, menos de sus compañeros que apenas la registraban. Para su suerte existía gente que pensase y en este caso fue un niño de 1° que le informo haberla visto por los pasillos de la planta alta, donde estaban los salones de Música. No tardo en llegar ni bien dio las gracias, a pesar de no tener ni idea en cual cuarto podría haberse escondido y si no había subido al siguiente piso, opto por seguir su instinto y abrir al azar una de las puertas, sin dudarlo se adentro con cautelo y lentamente se acerco a un pequeño bulto escondido detrás de un escritorio, había dado con el gato escurridizo. La castaña estaba sentada en el suelo, tranquilamente abrazada a sus piernas como si así pudiese resguardarse del frio –que hacía en la desolada habitación- o quizás solo ocultándose como un gatito asustado. Confirmo su segunda opción cuando se acerco lentamente a ella, ella pareció escucharla pues se sobresalto sobre su lugar y comprendió bien porque él la buscaba con tanta insistencia.
-¿Caroline…?- llamo suavemente mientras la aludida solo levantaba su rostro y la observaba, su mirada estaba perdida como si no tuviese ni conocimiento de quien era ella misma. Mai sintió en ese momento lo mismo que sintió cuando la vio en el aula, sentía una confusión extrema dentro suyo, no comprendía que era lo que ella generaba más sabia que no era nada bueno. Volvió en sí luego de perderse en sus peculiares ojos, ella parecía haber cambiado de expresión a una molesta, no despego su mirada de la violeta y se dispuso a hablarle.
-Te envió Frederico, ¿no? – La morena tardo en reaccionar a que se refería, comprendió que ella se lo esperaba y quizás eso era algo ¿“tonto”, “triste”?, quien sabe.
-Si y no- Contesto con simpleza y se sentó a un lado de ella, por su parte se alejo un poco para no tener ni el más mínimo rozamiento. Intento de buscar alguna respuesta o algún indicio de emoción en el rostro de ella pero nuevamente era inexpresivo, sin vida y frio. Al no ver nada de reacción por su respuesta prosiguió a seguir hablando ya que no perdía nada haciéndolo. –No te he buscado por la petición del Profesor sino que fue por pura curiosidad- opto por serle sincera pues creyó que era mejor ser directa con ella, más luego se arrepintió de ello. Pudo ver como Caroline llevo inconscientemente su mano hacia su ojo derecho, él único visible, y suspiraba suavemente. En ese momento comprendió que sus palabras podían ser mal interpretadas, no quería ser inoportuna y preguntar por sus rojizos ojos –aunque también le daban curiosidad- ya que sabía que hablar del tema no era algo bueno, ella poseía los ojos del “demonio” y seguramente había sido torturada psicológicamente con ello durante gran parte de su vida, prefería no abrir viejas heridas.
-No tiene que ver mi posición social y menos mi apellido en esto. Fui reconocía como un “genio vago y diverso” por lo tanto las reglas no se han aplicado a mí, les conviene tenerme aquí. Joe no interfirió en mi ingreso, han sido personas de mayor cargo.- Extrañamente comprendió a que se refería aunque su acto había mostrado lo contrario. Cerró sus ojos y suspiro nuevamente mientras bajaba su mano lentamente. Antes de que Mai pudiese decir algo más ella prosiguió. –Simplemente no confundas los hechos. Que sea hermana del Director y del Profesor no interfiere en nada.- ¿Hermana? Debía de averiguar sobre ello, ¿razón?, no había una más si una “sana” curiosidad. Inuzuki se quedo perdida entre sus pensamientos observándola, y Caroline lo noto enseguida, se quedo mirándola con la simple intención de transmitirle una llamada de atención, Mai al notarlo despego su mirada de ella algo avergonzada.
-Lo siento- argumento rápidamente más aun no dejaba de pensar en lo recién dicho, la castaña parecía adivinar sus dudas más parecía no tener intención de sacárselas. –Creía que el matrimonio Almit había fallecido dejando solos a sus dos hijos.- Al informar aquello espero recibir más información pero para su mala suerte ella no dijo nada más, simplemente se quedo en silencio. Noto como lentamente el silencio se volvía denso e incomodo, podría jurar que podía oír el sonido de los minutos pasar. Para su suerte sonó el timbre anunciando el comienzo de la siguiente clase, ella no solía llegar tarde a clase y ese día no sería la excepción. Se paro casi automáticamente y espero a que ella le imitase pero jamás sucedió, ella solo permaneció en su lugar haciendo caso omiso al sonido. Mai se retiro al no ver reacción de parte de la castaña, no comprendía cómo podía faltar en su primer día de clases a su segunda materia, era estúpido para ella. Antes de que la puerta se cerrase la castaña agrego en un susurro.
-Él no está muerto- suave y casi inaudible fue su voz, la puerta se cerró tras un sonido casi imperceptible.
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